O RECUNCHO DOS CAZADORES GALEGOS
Galicia Cinegética: Aullidos por la libertad

Una de las especies más fascinantes, misteriosas y legendarias de la fauna terrestre es y ha sido el lobo, y sin duda alguna, la que más en la península ibérica. Rodeado de leyendas y supersticiones, el todavía persistente lobo ibérico, el canis lupus signatus, una subespecie endémica de nuestra península, descendiente directo del gran lobo gris, arrinconado ya en sus últimos reductos, “aquel fantasma matador que nunca se sabe de donde viene y nunca se sabe a donde va”, todavía motiva gran controversia entre las gentes que lo admiran y las gentes que lo detestan por sus continuos conflictos con su mas directo rival, el hombre.

Desde mi más tierna infancia, donde he crecido influenciado por las creencias que una determinada corriente ideológica me ha inculcado para odiarlo, para repudiarlo, para considerarlo un ser diabólico, relacionado con la fatalidad y con la muerte; ha motivado mi interés en estudiar el porqué ningún otro animal posee una carga mítica tan acusada, ni ha sido objeto de tantas historias, fábulas, cuentos y supersticiones.

No voy a hacer un análisis de la especie desde el punto de vista de su biología ni de su etología (tema, éste último tan fascinante como complejo), por no estar capacitado para ello, y habiendo múltiples e interesantes estudios publicados al respecto. Únicamente trataré de analizar la problemática que la especie encierra en su relación con el hombre, fruto de mis continuas excursiones por sus áreas de dominio y de la actitud que sobre esta especie mantienen las gentes de dichos lugares.

A la edad de 11 años, comencé a tomar contacto con la caza, siendo morralero de mi padre y mi tío en tierras gallegas. Desde entonces y en mi continuo patrullar por los montes gallegos, hasta nuestros días, he estado escuchando historias de lobos. Ello ha incrementado mi afán por conocer a ese ser tan vilipendiado, perseguido y calumniado, preguntándome ¿Cómo ese ser tan cruel y despreciable podía ser el “padre” de mi mejor amigo?. A medida que fui accediendo a la libertad, a la información y al conocimiento, me he dado cuenta de que había otras culturas menos interesadas en mantener a las personas en la ignorancia y en la cultura del miedo, las cuales lo admiraban y veneraban por su astucia y por su versatilidad como cazador. Esas viejas culturas dejaron paso a la llegada de la Edad Media y más concretamente a la era cristiana, donde se identificaba al cordero con las almas mientras que el lobo encarnaba el pecado y el demonio. Esa cultura que no sólo creaba clasismo social en las personas sino que lo hacía también en los animales según fuesen “animalitos de Dios” o “bichos del Demonio” (los ofidios sin duda corrieron también esa misma desgracia que todavía hoy perdura). Desde entonces se creó una guerra sin cuartel para lograr el exterminio del devorador de hombres y de ganado que perduró hasta nuestros días, donde hoy está prácticamente desaparecido en toda Europa. Aún hoy en las aldeas más remotas se sigue viendo a esta especie como un defecto de la creación. Incluso percibo ese sentimiento en el seno de algunas de las cuadrillas de caza con las que opero. Yo mismo he recogido testimonios de gentes que afirman sin ningún titubeo que el mundo sería un poco más perfecto sin la presencia de esta especie. Hablando incluso con chicos jóvenes, para ver hasta donde ha calado ese sentimiento de odio, éstos argumentan su punto de vista, preguntándose: ¿Para qué conservar una especie que no se come y que por encima, ella misma nos roba nuestra comida?.

En nuestros días, y en lo que a la península ibérica se refiere, las últimas poblaciones del gran cánido salvaje, están arrinconadas en el norte y noroeste peninsular donde estos últimos años han experimentado una leve recuperación, aunque a mi modo de ver este este es un hecho coyuntural, siendo la tendencia natural y a largo plazo de absoluta regresión por las razones que explicaré. En la parte más occidental de nuestra península, tenemos todavía el privilegio de contar con la mayor población de Europa Occidental en la Sierra de la Culebra. En el resto de España queda una ínfima población residual en Andalucía donde los últimos individuos pertenecen a un grupo totalmente aislado del resto de las poblaciones, con el consiguiente perjuicio para la especie debido a la endogamia, y la ausencia de intercambio genético, hecho, como todo el mundo sabe, que propicia la degeneración de la especie, produciendo cada vez individuos de menor tamaño e inadaptables a la supervivencia.

Mi constancia y tenacidad, basada en muchas horas de campeo por tierras de lobos, alimentando mi pasión cinegética, me ha permitido tener la suerte de toparme con ellos en muy pocas ocasiones, pero las suficientes para corroborar mis sospechas sobre la realidad de todas aquellas historias que marcaron mi infancia, y disipar las dudas que una cultura opresora me transmitía y me impedía ser objetivo. El encuentro más elocuente: Una fría tarde en el extremo más occidental de la Sierra del Suido, durante una jornada de Caza Mayor, he sido galardonado con su faz, su estampa, sus palpitaciones. Fascinado por su majestuosidad, por su pelaje ya mudado para el invierno, por su semblante serio, sus orejas triangulares, su gran envergadura física, y su mirada….., que decir de su mirada profunda, con sus ojos oblicuos con el iris color miel. Muy pocos animales osan hacer una pausa para mirarte fijamente a los ojos. Yo he comprendido perfectamente el significado de esa mirada. Una mirada limpia (sin rencor, diferente a la que se me transmitió durante mi infancia). Una mirada que a su vez transmitía conmoción y pavor por haber tenido la fatalidad de encontrarse con el homo “sapiens”. Cuantas cosas se pueden decir en 4 segundos con una mirada como esa. He comprendido bien el mensaje: ¿Es el lobo una amenaza para el hombre o es el hombre una amenaza para el lobo?. ¿Es el lobo el que se intromete en el territorio del hombre o es el hombre el que ocupa con sus asentamientos humanos, el territorio del lobo?. Durante miles de años en los territorios ocupados por lobos, éstos eran la cúspide de la pirámide ecológica como superdepredadores, y los ungulados silvestres constituían el segundo eslabón en la pirámide. Estos últimos han sido quitados y sustituidos por el ganado doméstico, trashumante o mostrenco por la acción humana. ¿Porqué los lobos no se quejan de haberles robado antes su carne?. ¿Cuál es el pecado que ha cometido el lobo?. ¿Quizás el no pagar impuestos?, ¿el no protestar en los periódicos?, ¿el no votar?, ¿el no recibir subvenciones por haberles quitado a ellos antes sus presas naturales?. Luego se fue con la misma elegancia con la que se manifestó, sin hacer el más mínimo ruido, como levitando, en un día soleado y sin viento, y perdiéndose en el horizonte con un galope armonioso incapaz de ser ejecutado con tanta elegancia por ninguno de nuestros perros actuales, quizás limitados por nuestra adulteración en sus genes a lo largo de los siglos.

Como decía, la especie ha experimentado una ligera recuperación que a mi entender, es una circunstancia totalmente coyuntural, para continuar a medio y largo plazo con su tendencia regresiva, por varias razones. Trataré de hacer un análisis de la situación actual. En los años setenta, la población lobera en la península sufrió su mayor declive propiciado en su mayor parte por el odio social y la persecución sistemática con la que fue perseguido, considerado como alimaña e incentivando sus matanzas. Hoy en día la población lobera tiene a su favor algunos factores que de manera eventual han contribuido a una ligera expansión. Esos factores están ligados por una parte, al éxodo del rural, y al abandono del campo. Como todo el mundo sabe ello ha favorecido el aumento de los ungulados silvestres. Y como todo el mundo sabe, tanto las especies cinegéticas de Caza Mayor como el mismo lobo, cuentan a su favor con los tres factores fundamentales que propician su desarrollo: (tranquilidad, cobertura vegetal, y recursos tróficos). Sin embargo, existen otros muchos factores que sobre todo, de aquí en adelante harán que la situación vuelva a tornarse en declive. Algunos de ellos de especial relevancia:

  1. El pasado 11 de Octubre de 2009, he asistido a una interesante conferencia sobre la problemática del lobo en la Comunidad Gallega a cargo de ASCEL (Asociación para la Defensa y Estudio del Lobo Ibérico), que se celebró en Pontevedra. Dicho evento era de carácter libre y gratuito. La primera impresión que me causó fue, a diferencia de los sectores conservacionistas, la total ausencia de los sectores ganaderos, de los cazadores y por no haber no había ningún representante de la prensa, ni escrita ni audiovisual, no teniendo como es obvio, repercusión alguna en los medios de comunicación local. Esto pone de manifiesto la total pasividad por parte de los que día tras día se declaran como afectados reclamando justicia. Por otro lado, se confirma que aunque la especie goza de una determinada protección jurídica, ésta no cuenta con el respaldo social sobre todo en el mundo rural, en la Galicia Profunda, es decir, en el propio terreno en cuestión.
  2. En el caso concreto de la comunidad gallega, se acaba de publicar recientemente un Plan de Gestión del Lobo (DOG, 20 de Enero de 2009 – Decreto 297/2008). Dicha norma basa sus objetivos en tres pilares fundamentales: Garantizar la presencia de la especie, modificar su imagen social mediante su puesta en valor cultural y etnográfica; y mantener una población “viable”. Pero ¿Qué es una población viable?. ¿De cuantos individuos se considera una población viable?. El propio término por su ambigüedad nos deja la entrever que una población viable sería una población que no incrementase la actual. Entre otras cosas para no incrementar los casos de conflicto. Por otro lado en el texto de dicho plan se estima una población de lobos en la Comunidad Gallega estimada de entre 420 y 625 ejemplares. Si me paro a pensar esa cifra es mucho menos que la población de mi especie en el barrio donde yo vivo. El plan establece que la especie será de carácter cinegético, pero que sólo se autorizará su caza cuando haya daños constatados y en cualquier época del año (a excepción de la época sensible de cría, aunque deja una puerta abierta para que en “casos excepcionales” se puedan abatir lobos incluso en época de reproducción). La filosofía del plan, se circunscribe en eliminar los ejemplares que “sobran”, o los que entran en conflicto. Si partimos de la base de que los asentamientos humanos abarcan cada vez más territorio, es obvio que en algún caso se internarán en territorios con lobos. Luego habrá algún momento en el cual el hombre se verá molestado por el lobo, y de nuevo empezará otro conflicto y así sucesivamente… Serán entonces declarados esos lobos como los sobrantes en los diferentes planes, y serán entonces objeto de certificación de daños declarados y por lo tanto pasarán a formar parte de los cupos de abate, tal y como propone el plan.
  3. Siguiendo con el análisis de las causas que propician su declive a medio y largo plazo, es necesario hacer mención a los asentamientos humanos y a las infraestructuras, especialmente las grandes obras civiles. El noroeste peninsular se caracteriza por su gran dispersión poblacional. Esta dispersión provoca que los territorios ocupados sean mucho más amplios que si se desarrollara concentrada en núcleos más grandes. Los asentamientos humanos y las infraestructuras ocupan fundamentalmente las áreas con mayor bonanza climática y con mayor disponibilidad de recursos naturales, fundamentalmente hídricos, comprometiendo notablemente la persistencia de los tres pilares fundamentales para el desarrollo de la especie. (ausencia de tranquilidad, pérdida de la cobertura vegetal, y supresión de los recursos tróficos). Se puede decir que hoy por hoy, no hay un solo metro cuadrado que en algún momento no sea visitado por alguien (sea ganadero, agricultor, senderista, cazador, motero, conductor de quad, setero, esperista, naturalista o dominguero). Por tanto son los valles y el litoral las áreas mas consumidas, quedando únicamente y de manera mas definida, para el desarrollo del gran cánido salvaje, las cumbres de las zonas orográficas más accidentadas. En la conferencia a la que hacíamos referencia con anterioridad, se analizó este tema, poniendo especial énfasis en que ahora las cumbres de nuestra geografía están siendo infestadas por parques eólicos que llevan consigo la construcción de anchos viales para acceder a los mismos. Donde antes se necesitaban largas horas para acceder a las cimas montañosas, a pié o a caballo, ahora los domingueros sólo emplean unos minutos en acceder con sus utilitarios. El ponente demostró la elocuencia de esos hechos poniendo un ejemplo real que le sucedió cuando durante el seguimiento y estudio de un ejemplar y de sus desplazamientos, se encontró con toda una comitiva de gente que estaba filmando un reportaje para una boda, echando al traste todo el trabajo de seguimiento anterior.
  4. Por último podríamos destacar que aunque en el mundo urbano ya hay niños que si les preguntas: ¿Que hace el lobo si se encuentra con un hombre?, ¡corre!, responden sin vacilar. Esto no sucede en el mundo rural, donde todavía se sigue relacionando a la especie como un símbolo de la fatalidad, de la muerte, de los malos presagios. Donde todo esto se aplaca con el antídoto de la estricnina, y del trampeo. Lugares donde matar un lobo, lejos de ser un delito, es y será por mucho tiempo una hazaña, un motivo de orgullo. Yo mismo conozco gente que asiste en los pueblos, a las cacerías de jabalí, con un único pensamiento: Poder encontrarse con el gran cánido y poder abatirlo para orgullo personal y de sus paisanos. Aquellos otros con algo más de relevancia social, se pasan gran parte de su vida creando un lobby que en un futuro les permita satisfacer su orgullo y realizar su sueño como cazador incluyendo a esta especie en su currículum, y poder refugiarse con una cobertura jurídica que justifique su dignidad. También están aquellos que a además de tener relevancia social, son nativos de lugares donde el lobo ya se ha extinguido hace años, pero están provistos de una solvencia económica que les permite extender cheques en blanco a mercenarios que les pongan a tiro un ejemplar que satisfaga su “trofeitis aguda”.

Si todo lo que se propugna en el plan de gestión de la especie, se cumple escrupulosamente puede ayudar a que dicha política de gestión sea compatible con el desarrollo y explotación ganadera y la persistencia de la especie, introduciendo nuevos conceptos. Donde principalmente se reconozca el derecho a reclamar y defender con justicia los derechos de los ganaderos, que sus daños sean indemnizados con diligencia en tiempo y forma. Hay algunos ejemplos claros de gestión que nos indican por donde se puede establecer una hoja de ruta que permita llevar a cabo ese reto. Es el caso de la Sierra de la Culebra, donde el lobo vale más vivo que muerto. Donde se ha creado un centro de interpretación del lobo ibérico, destacando su valor histórico y etnográfico. A donde acuden cada año muchos visitantes que se interesan por la especie. Y donde científicos de otros países pueden desarrollar estudios sobre la especie en su medio natural. Donde el lobo crea puestos de trabajo, donde el lobo forma parte de un ecosistema y ejerce su función depredadora como regulador y perfeccionador de otras especies. Donde se compatibilizan todas estas actividades junto con las actividades cinegéticas de siempre, incluida la Caza Mayor. Donde la población de ungulados silvestres permite que en la zona de mayor densidad de lobo ibérico de la Península, se constate el menor número de ataques a la ganadería doméstica, a través de un correcto manejo de los rebaños. En definitiva, se puede actuar diligentemente, incluyendo en esa hoja de ruta herramientas de gestión como pueden ser:

  • Garantizar las poblaciones de ungulados silvestres, que no sólo constituyan un recurso trófico para la especie, sino que a su vez permita ejercer por parte de la depredación una selección y perfeccionamiento de los mismos. Esto es muy importante pues hay estudios que demuestran que en este escenario, los ataques al ganado doméstico son puramente anecdóticos.
  • Crear centros etnográficos, que permitan la puesta en valor de la especie y su importancia histórica y cultural.
  • Indemnizar a los ganaderos justamente y resarcir sus pérdidas como consecuencia de ataques a la cabaña ganadera, de la forma más diligente posible en tiempo y forma, cumpliendo los protocolos de tasación y certificación de daños, siempre y cuando éstos cumplan con las medidas preventivas estipuladas.
  • Informar a los ganaderos de la importancia de cumplir unas pautas para un correcto manejo de los rebaños, que reduzcan al mínimo los ataques del gran cánido.
  • Creación de muladares en lugares estratégicos, que permitan por un lado, ayudar a la gestión de los cadáveres de reses domésticas por muerte natural, dando sustento a su vez a otras especies necrófagas. Y por otro lado crear puntos de observación para el estudio y comportamiento de la especie por parte de la comunidad científica y fomentar un turismo de naturaleza bien gestionado.

En una sociedad donde se nos llena la boca con el término “desarrollo sostenible”, que aunque se me antoja, empleado más como argucia comercial que por su significado pleno, debemos intentar no perder el norte cuando se trata de evitar la pérdida de especies, cuya existencia, para bien o para mal, se encuentra en nuestras manos. En mi constante observación y curiosidad sobre el comportamiento animal y por ende el humano, me llama poderosamente la atención, el desmesurado afán del hombre que cuando en su incesante e inexorable ocupación del territorio se ve molestado por tal o cual especie, paradógicamente la considera como una especie sobrante o como una plaga. En el caso concreto que nos ocupa debemos aprender a convivir con una especie que representa lo más genuino, puro y salvaje de nuestro mundo, y en nuestro caso de la España agreste, algo que también se nos va.

Alejandro Lorenzo
CUADRILLA ARROTEA
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