OPINIÓN CINEXÉTICA
COMUNICACIÓN
Senén Ramos Alvarez , veterano cazador gallego.


Mi responsabilidad con la Asociación de Caza Mayor de Galicia y la coincidencia de fechas con el coloquio debate que celebráis en portas, me impide la asistencia a este último.

Sin embargo es mi intención enviaros la siguiente COMUNICACIÓN

En primer lugar felicito a la organización de Portas por haber puesto en marcha uno de los pocos eventos públicos y participativos para el debate y aportación de alegaciones a la nueva Ley de caza de Galicia, sin premisas, ni pactos ni criterios previos establecidos que puedan condicionar la libre expresión del colectivo de cazadores.

Que duda cabe que serán muchas las conclusiones y alegaciones que. Al final, entenderéis necesarias.

Por mi parte quisiera haceros llegar una reflexión previa fruto de que, a la hora de legislar, ha de tenerse en cuenta que debemos pensar no solo como cazadores sino teniendo en cuenta los intereses de todos y cada uno de los interesados/afectados en el tema.

El actual status que deriva de la Ley de 1970 con la transformación de los cotos privados en tecores, pretende perpetuarse con la prórroga indefinida de la vigencia en la titularidad de los tecores.

Las enormes facilidades dadas por la Administración para la constitución de los cotos privados, contrasta ahora con las enormes dificultades que se imponen a la hora de renovar o transformar mínimamente la configuración de los tecores, todo ello fruto de, por un lado la jurisprudencia que apunta a la debilidad del sustento jurídico de ellos y de otro a la comodidad que a la Administración le representa tener y mantener la actual vertebración de una actividad que, como la caza se halla profundamente arraigada en el medio rural gallego.

Sin desmerecer ni un ápice la actual caza social de Galicia, no debemos de dejar de reconocer que este sistema ha potenciado al máximo unos egoísmos exacerbados ala hora de compartir la caza.

El despoblamiento rural y la escasez de nacimientos, precisamente en este mismo medio rural, están siendo una importante causa de falta de relevo generacional.

Los jóvenes urbanos no han encontrado hueco para penetrar en unos tecores erizados de egoísmos excluyentes de toda participación foránea, que, en muchos casos ha encontrado mejor receptividad en otras Comunidades Autónomas.

En la actual sociedad, en la que muchos de los servicios sociales de los que se goza, son el fruto del esfuerzo de todos los ciudadanos, el mero deber de reciprocidad debiera inducirá plantearnos una reflexión acerca de la conveniencia de compartir el aprovechamiento de unas especies de caza que, en muchos casos, existen sin que hayamos hecho nada para promover su existencia.

Sería pues conveniente, que se incluyese la obligatoriedad de instituir un porcentaje de permisos de caza para cazadores ajenos a las sociedades titulares.

Se conseguiría un atractivo turístico innegable con repercusión directa en zonas deprimidas.

Por otra parte no se debe olvidar tener presente los intereses de los propietarios de los terrenos mediante fórmulas que hiciesen que vieran la caza “con ojos de cuidador”.

Cazadores, agricultores y propietarios son estamentos cuyos intereses no se pueden obviar a la hora de extraer unas conclusiones que sean objetivas y alejadas de intereses únicos de alguno de los sectores por separado.

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