OPINIÓN CINEXÉTICA
Escopetas sin dueño

Son numerosos los medios de comunicación que recogen en los últimos días una noticia relacionada con la falta de relevo generacional en la caza.

Escopetas sin dueño

Desde hace menos de una década, hemos pasado de una tendencia al alza que apuntaba a casi los dos millones de licencias, hasta el dato actual, que no deja de descender y se ha situado ya por debajo del millón de cazadores.
¿Qué está pasando? ¿Porqué no hay relevo generacional? ¿Qué podríamos hacer? Son preguntas que a todos nos han pasado alguna vez por la cabeza al analizar las cuadrillas que cazan en nuestros cotos o la gente que acude a las monterías. Son los de siempre, cada vez más mayores, salvo excepciones. Cuando sale el tema en estos grupos de cazadores, con frecuencia hay alguno que se lamenta de que su hijo,

sobrino o nieto, al que tanto le gustaba acompañarle cuando era pequeño, ahora en la pubertad, o más allá, prefiere quedarse en la cama hasta más tarde o "matar" el rato frene a la televisión, la consola o el ordenador.

Seguramente las respuestas no son únicas, son muchos los factores que pueden influir en esta situación y entre ellos podríamos destacar algunos.

Por el momento en el que nos encontramos, la crisis podría ser un elemento importante en esta situación, sin embargo, probablemente, no será el más determinante ni mucho menos. Pensamos que, a este nivel, la caza está por encima del dinero y que todavía quedan sitios donde cazar "barato". A pesar de todo, es verdad que todo sube y hay veces que hay que pensárselo bien para apretar el gatillo y "desperdiciar" una bala.

La escasez de piezas o la mala calidad de éstas, sobre todo cuando se trata de caza menor, es otra causa determinante en la falta de interés por los jóvenes. Si conseguimos que un día nos acompañen, probablemente no muy convencidos, y nos pasamos una mañana entera caminando, sin ver siquiera el vuelo de una perdiz, disfrutar de una muestra del perro o alegrarnos la vista con la carrera de una liebre, será difícil volver a convencerlos para repetir jornada.

La burocracia cada vez más compleja, permisos de armas, licencias por Comunidades Autónomas, exámenes del cazador, tenencia de animales peligrosos, carnets de transportistas de animales.... son cada vez más habituales y hacen que algunos desistan en el empeño por no complicarse la vida.

El alejamiento del medio rural es, sin duda, otra causa importante. Hace pocos años, casi todo el mundo tenía un pueblo donde acudir el fin de semana, juntarse con los amigos y salir de caza. Hoy en día nuestros hijos, criados en las ciudades, apenas tienen vida social en los pueblos y prefieren quedarse el viernes con los amigos de ciudad que ir a un lugar donde no se encuentran "cómodos". Probablemente, en parte, la culpa sea nuestra por no haber sabido transmitir ese contacto con las gentes y los pueblos o por no haber ido un poco más cuando los pequeños estaban empezando a hacer sociedad.

A pesar de todo esto, seguramente, el factor que más influya en esta situación es la sociedad en la que vivimos y de la que formamos parte. Cada vez se tiene una imagen peor de la caza, que se asocia a una actividad de asesinos y desalmados que salen al campo a sacrificar animales inocentes. Una imagen basada en el desconocimiento y, sobre todo, en la influencia de unos pocos que amparados en un falso título de ecología y conservación, confunden a los jóvenes con campañas mediáticas muy bien estudiadas y orientadas a un público cada vez más amplio. Además, por desgracia, con cierta frecuencia algunos de nuestros "compañeros", se lo ponen bastante fácil con venenos, furtivismo y otras "artes" despreciables.

Ahora bien, a pesar de este clima de pesimismo y de que seguro que a todos se nos ocurrirán unas cuantas causas más que generan esta situación, es hora de pensar en como cambiar esta tendencia e intentar que nuestros jóvenes recuperen el interés por la caza y todo lo que ello conlleva, la convivencia, el respeto por unos valores e ideas, el aprecio por una tradición ligada al medio rural, la conservación del entorno.... Aspectos todos ellos de los que nosotros disfrutamos y asumimos casi sin darnos cuenta pero que, por desgracia, muchas veces no sabemos compartir y transmitir.

Para ello debemos comenzar por dar ejemplo y hacer las cosas bien. A partir de ahí, no imponer sino formar, despertar curiosidad y transmitir esa pasión de una forma "inteligente". Por eso, pensamos que para amar una cosa primero hay que conocerla y para conocerla hay que contactar con ella y solo así podremos lograr nuestros objetivos. Una vez que ésto se consiga, otros inconvenientes como la burocracia o la crisis económica seguro que tendrán menos peso en el resultado final.

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