OPINIÓN CINEXÉTICA
Los cazadores de Becadas
José Luis Garrido

Desde hace unos años, ante el declive generalizado de perdices y conejos, que eran las dos piezas que llenaban los morrales y entretenían a la mayoría de los cazadores, muchos practicantes se han hecho especialistas de determinadas especies cuya situación, o modalidad de captura, no está tan en precario como las de las dos citadas. Así, muchos cazadores ya sólo se dedican a caza mayor, otro buen número de ellos colgó la escopeta y anda con la collera de galgos pateando los aramios buscando a la rabona. Otros, especialmente los virtuosos del tiro, se han especializado en torcaces y más tarde van al zorzal. Y hay un grupo, cada vez más numeroso, que se está enganchando a la becada. Parece que al que le mira esta última queda tan enganchado, que ya no verá satisfecha su afición venatoria más que buscando a la llamada dama del bosque. La afición por la becada es tal, que existen clubes específicos de becaderos cuyos componentes no se interesan por otras especies y son la mayoría grandes expertos en esta migratoria.

Los cazadores especialistas en becadas están pidiendo un espacio de consideración en el mundo de la cinegética y esa realidad tangible se ha traducido ya en que la RFEC haya creado recientemente una comisión que entienda exclusivamente el mundo de la caza de esa especie. Al frente de esa comisión se ha designado a Ignacio Valle, que es un directivo de reconocido prestigio, que conoce muchas facetas de la caza y de la defensa de los cazadores, como presidente de la Federación Cántabra. Es Nacho un apasionado de la caza de esta especie, e impulsor y mentor del "proyecto becada", copatrocinado por la RFEC que han desarrollado los técnicos Antonio Lucio y Mario Sáenz de Buruaga. Conociendo a Nacho no hay duda que demandará de la Federación atención suficiente hacia una especialidad de caza que enamora a sus practicantes.

Es tan característica la especie y en cada región tiene tal especialización, que dispone de un nombre propio en cada lugar. Podemos afirmar que no hay ninguna especie de caza, ni del mundo animal, con más sustantivos que la becada. Así se la conoce también como sorda, arcea, cega, pitorra, picona, picarúa, picuda, becana, chocha perdiz, oilagarra, gallineta y bacana, aparte de algún otro localismo con que se la conocerá en ciertos lugares y que aumentaría el glosario enumerado.

LAS CAPTURAS

El cazador de becada es, de entrada, un romántico dispuesto a salir de caza y volver cargado de ilusiones, pero con el morral vacío. Prueba de ello es que si atendemos a los datos del proyecto becada ya citado, que aparecen en un precioso texto La becada en España de los técnicos Antonio y Mario, citados en el punto anterior, el cazador que va a becadas ve por término medio 1’57 piezas por jornada y caza menos de la mitad: 0’7 becadas por día. El dato se ha obtenido a partir de los aportados durante 8 años, por un grupo de hasta 480 cazadores cada año, que han participado en 23.400 cacerías en las que se han visto 38,500 becadas y abatido 17.140. Estiman los autores que en España se capturan unas 75.000 becadas cada temporada –aunque recomiendan muchas precauciones respecto a la exactitud del dato–, y en Europa unos 3 millones, por lo que la incidencia de la caza española en el cómputo general es poco representativa.

UNAS VISITAS QUE SE REPITEN

Todos los datos dados, y los que señalo a continuación, son conocidos sobradamente por los especialistas becaderos, pero para esa gente joven que se inicia en la venatoria y alguna en esta modalidad tan apasionante, no está de más exponerlos. Cada año por las mismas fechas y en los mismos lugares nos visitan las becadas. Casi una tercera parte de las becadas vienen de Francia y otras tantas de los países escandinavos, una cuarta parte viene de centro Europa y el resto de los países del Este y de las Islas Británicas. En algún caso, después de recorrer las largomigradoras, que vienen de Rusia y la península Escandinava, unos 3.000 Km. en los que pierden mucho peso. Su viaje se hace en vuelos nocturnos de 200 a 300 Km aprovechando los vientos del NO y la luna nueva. Las de las Islas Británicas y parte de las que entran desde Francia vienen atravesando el golfo de Vizcaya y caen en los bosquetes de la cornisa Cantábrica para desplazarse después hasta Andalucía y las del centro y norte de Europa vienen pasando los Pirineos para quedarse en las estribaciones de la cara sur española. Éstas se distribuyen de Navarra a Cataluña y se desplazan por el levante español. Además de esas migradoras, en España hay becadas autóctonas que crían en la franja norte peninsular de Cataluña a Galicia.

LA CAZA DE LA BECADA

Como he comentado estamos ante una caza de románticos. En algunas comunidades tiene puesto cupo máximo de tres becadas por jornada. Si atendemos a la media les sobran más de dos. De las 23.400 cacerías controladas en el “proyecto becada” antes citado, sólo se cazaron más de tres becadas en el 2’88 % de ellas, sin embargo, ese pequeño porcentaje tiene bastante importancia cuantitativa, pues supone el 21 % de las capturas totales. Sin entrar a analizar el cupo de tres becadas que parece suficiente, yo soy partidario que para las migratorias, codorniz y becada, se hagan atendiendo en primer lugar a las características de crianza de esa temporada. Siempre se debe hacer por comarcas en las que se determinen capturas en la temporada por cada unidad de superficie y a partir de ahí, en función del número de cazadores por superficie y del número de jornadas de caza, establecer la percha por cazador y jornada. Poner tres becadas para todo el mundo en una región, sin atender a las características que coincidan en cada coto, no me parece una medida muy coherente.

Según apuntan los técnicos, son estos días de primeros de diciembre, las mejores fechas para cazar becadas pues son cuando es mayor su presencia en España. Hay un caso atípico de lluvia de becadas, similar al de codornices aunque con menos individuos, que se produce ante ciertos cambios climáticos durante los vuelos migratorios de una especie que emigra individualmente o, como mucho, en grupos de dos o tres individuos. El índice medio de abundancia, que se calcula por la fórmula ICA 2p = B x N1 / N 2, es un parámetro estadístico que relaciona las becadas cazadas (B) con el número de jornadas con éxito de capturas (N1) y el cuadrado del número total de las cacerías realizadas (N 2) Según ese índice, en los ocho años del "proyecto becada", la quincena más propicia para cazar becadas en España es la segunda de noviembre y la siguiente mejor es la primera de diciembre. No obstante, son determinantes las condiciones climatológicas que se den en cada fecha en el país origen de la migración y en el lugar de acogida en España, pues depende del estado del primer centímetro del suelo que, si está helado, impide que la becada pueda comer y por tanto se desplazará a otros espacios más acogedores.

El perro becadero siempre ha llevado esquila para denunciar su presencia y esa imagen y sonido dan una imagen bucólica de unas formas de caza tradicionales. El silencio del tintineo de la esquila indica que el perro se ha parado en muestra. Últimamente se utilizan zumbadores electrónicos que producen sonidos similares a los de la sirena de los vehículos de emergencia, que rompen todo el encanto de la cacería, al introducir un sonido bastardo en el bosque. No sabes si lo que oyes es una ambulancia o que el perro está en parada. No dudo de la eficacia, ni quiero que se enfaden conmigo los becaderos que utilizan esta herramienta, pero el tintineo de la campanilla reconforta a los que entendemos la caza como una manifestación pura de la relación del cazador con la naturaleza.

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