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Encuentro inesperado... Encuentro maravilloso

La mañana del pasado sábado 17 de Septiembre, permanecerá mucho tiempo entre mis recuerdos, nunca se me olvidará o mejor aún, pasará a formar parte de mi historia.
Por razones laborales tocó madrugar, seis de la mañana suena el despertador, salto de la cama, desayuno de rigor y carretera. Poco tráfico y solo unos cuantos “retornados del botellón” se cruzan en mi ruta. Llego al destino sobre las siete y media de la mañana, mientras en el receptor de radio suena el programa de caza “Ríos e Montes”, casualidades de la vida hacen que me escuche a mi mismo.
Descargo con las primeras luces del alba, mientras mi pituitaria percibe un fuerte olor a pan recién hecho de una panadería próxima, inicio el viaje de vuelta con la mente puesta en la cita de todos los sábados con el café matinal en compañía de unos amigos.

En aquel hermoso amanecer nada me hacía presagiar que el destino me tenía preparada una agradable sorpresa, un hecho de los que pocas veces, o eso creo, uno puede ser testigo.
Todavía resonaban en mis oídos sonidos de caza, recordando las palabras radiofónicas de Alejandro y Francisco sobre “medidas de seguridad en la caza” cuando con las luces del coche percibo una figura en el margen izquierdo de la calzada ¡ Alerta! Mí instinto cinegético me hace aminorar la ya pausada marcha y cambiar el modo de las luces para identificar mejor aquel “ bulto sospechoso” que se encontraba aproximadamente a unos cuarenta o cincuenta metros.

Cual es mi sorpresa, cuando, tras apurar la frenada, a menos de veinte metros, consigo percibir con total claridad la silueta de un majestuoso “LOBO”. En escasos segundos se produce una secuencia de imágenes que siempre llevaré en mi retina.

Yo estaba atónito en el interior del vehículo, parado en medio de la sinuosa calzada y a escasos metros delante de mí tenía aquel mítico animal que me miraba desafiante, mientras entre sus “fauces” sostenía los restos de un perro.
Entre la abundante sangre fresca que cubría el cuerpo de la presa, lo que indicaba la inmediatez de la lucha, pude percibir el color blanco del “cadáver” así como su estructura, un perro de tamaño mediano, que bien podía corresponderse más o menos con la de un “beagle” o alguna raza similar en cuanto a cuerpo se refiere.

Tras unas décimas de segundo, en las que se produjo un intercambio de miradas, aquel precioso animal inicio la huida, de manera pausada y sin perderme en ningún momento de vista.
Sabedor de su superioridad, tras dar dos o tres pasos irrumpió en la calzada, y acto seguido se impulsó con un vuelo majestuoso hasta una altura aproximada de unos tres metros que es el desnivel que presenta en el lugar de los hechos el arcén de la carretera. Sólo pude observarlo un instante más, pues existía una pequeña franja recién desbrozada, fruto de la limpieza en los días pasados de los márgenes de servidumbre de la mencionada vía pública.
Con sigilo, como si de un fantasma se tratase, se perdió en lo espeso del monte, eso si, sin abandonar en ningún momento la presa que portaba en su boca.
Buen viaje “hermano lobo” pense internamente, mientras intentaba reiniciar mi marcha.

No soy un experto en lobos, pero el ejemplar que esta mañana de septiembre decidió cruzarse en mi camino era un macho adulto, robusto, de aproximadamente unos cuarenta kilos de peso que a primera vista presentaba un pelaje lucido y muy buen aspecto físico.

Por si alguien tiene dudas y cree que estoy soñando, os diré que el encuentro tuvo lugar a las siete horas y cincuenta y cinco minutos en los alrededores de la Capital de Galicia.
Lastima de unas fotos. Serían de concurso ¡seguro!

No puedo precisar con exactitud la duración de este lance, solo sé que fue corto pero intenso, muy intenso y que me produjo una enorme sensación de placer ecológico, como dirían las nuevas generaciones una “orgía de placer”.

Creo que durante el resto de mi vida NUNCA, NUNCA te olvidaré Lobo.

Un saludo compañeros.

PD: No podía irme sin dar las Gracias a la Madre Naturaleza por brindarme esta hermosa oportunidad.

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