HISTORIAS DE CAZA
La Paloma, una gran montería con final amargo (Córdoba)
Entre los doce puestos se abatieron 30 venados y 33 jabalíes, de excelente calidad

Tras los buenos resultados cosechados a lo largo de la presente temporada, la orgánica Cinegética Los Barrancos regresaba al campo el pasado sábado 14 de enero en la finca La Paloma, situada en la localidad cordobesa de Villaviciosa de Córdoba. En Montear en Andalucía hemos recuperado el relato de la jornada realizado por Ricardo Barbero en su blog.

Llegaba el  14 de enero y tocaba el turno de montear La Paloma, una finca que hacía muchos años que no monteaba.

Esta vez le tocaba el turno a Cinegética Los Barrancos capitaneada por los amigos Sergio Sanz y José Morillo. Después del fantástico año que llevan con grandísimos resultados tanto en la Fresnedilla, Las Escobas y Los Borres, esta finca no podía ser menos. Dos señores que se desviven por organizar días de cacería en los cuales todo montero disfrute y se sienta como en casa. Su humildad y honradez hacen que el ambiente en sus monterías sea inigualable.

La junta por la mañana se hacía a la salida de Villaviciosa por la carretera hacía Casas Rubias. Cuando llegué, pude ver que el ambiente me era muy familiar. Como todos sabéis yo soy de Peñarroya y pude contemplar muchas caras conocidas del pueblo colindante que es Fuenteobejuna. La sociedad le había encargado varios puestos para esta finca y creo que el año que viene repetirían seguro. Entre saludos a unos y otros comenzaba el sorteo y José Morillo daba las correspondientes normas monteras. 72 puestos montearían 600 hectáreas a ciervo y jabalí entre 18 rehalas entre las cuales estaban la de Luis Torres, Manolo Ramos, El patilla de Azuaga, Navarro de Guadalcanal, Juan Gómez, Manuel López Gamero, Antonio Navajas, Francisco Soriano, Marcos de Fuenteobejuna , la de Juan León ,la de Jesús Barbero y la de Pedro Gómez..

Rápidamente salían las armadas y mientras tanto, mirábamos en el mapa cual iba a ser nuestra suelta y con quien soltaríamos. Esta vez me tocaba soltar con la rehala de Manuel López Gamero dirigida por el amigo Antonio “el chino”, la de Antonio Navajas dirigida por mi gran amigo Antonio y la de Jesús Barbero dirigida por el amigo Santillana. Soltaríamos en el puente de la pista principal antes de llegar a la casa de la finca. A las once y media nos encontrábamos en dicho punto y me tocaba soltar por la mano baja. Nuestro guía era el “madedero” de Villaviciosa.  Por encima mía vendría la rehala de Gamero, luego la de Barbero y por la mano alta la de Navajas. Nos avisaban que soltáramos y yo era el primero. Soltaba y empezaba a bajar para ir monteando a la vera del Arroyo por debajo de la casa. No tardarían en empezar las ladras y pude comprobar que la finca estaba llena de reses. Los perros daban con un venado muerto el cual pertenecía al rehalero Pedro Gómez. Me avisaba por la emisora que era lo que ladraban y le comentaba que no lo sabía pero que los perros venían con sangre. Me pidió si podía subir para comprobar que fuera un venado que había tirado y se había ido herido. Afirmativamente, así era. Se lo marqué gustosamente y continuaba la mano.

Seguían ladras y más ladras y el tiroteo era continuo. Pensé para mí que esta orgánica había hecho bien sus deberes y que los resultados iban a ser sobresalientes. Al llegar a la altura de la casa la mano hacía curva y tenía que esperar a que los de arriba avanzaran. Ahí aproveché para saludar a Joaquín Vadillo que se encontraba en su puesto acompañado por otro gran amigo como es Manolo López “el notarías”  en ese punto y comentar cómo iba todo. Los dos coincidíamos en que se escuchaban muchos tiros y que este era un gran día para Sergio y José.

Continuábamos la marcha y volcábamos al siguiente testero lleno de jaras y sin pinos. Muchos eran los cochinos que de allí empezaban a salir y por encima de mí la rehala de Gamero daba con un cochino el cuál se dirigía hacia el puesto de Joaquín Vadillo. Al cabo de un rato se comentaba por la emisora que un cochino había pasado por lo alto de su puesto y se le había ido. Me extrañaba que lo hubiera fallado y no porque sea el dueño de mis perros, sino porque sé que es un gran tirador y que el puesto que tenía era muy limpio. Aún así seguimos y de momento los perros cogieron un lechón que venía herido por el puesto 8 de la loma. Lo rematé y avisé que lo tenía marcado. Mientras tanto vi aparece por la otra falda del monte al amigo Sergio Sanz, que no se pierde ir de guía en las monterías que organiza y si es la mano más larga es la que escoge. Un orgánico de guía al que no le faltan pies, voluntad ni valentía. Lo admiro de verdad. Nos saludamos y cada uno siguió su camino. Justo antes de chocar con las rehalas donde nos daríamos la vuelta, los perros daban con una buena cochina que fue alcanzada por los perros. Rápidamente la rematé y llamaba al amigo Antonio de la rehala de Navajas para decirle que tenía allí una alana que algún día como siga así va a morir en el intento porque entra derecha a la boca del bicho. Nos reíamos por la emisora comentándolo cuando nos avisaban que era hora de volver hacia atrás un poquito más altos.  El ajetreo había sido continuo y prueba de ello iban a ser los 35 cochinos y siete venados que se cobrarían con puestos destacados como el 6 de la loma con 3 cochinos, el cinco de La Fragua con dos venados, el 14 de La Fragua (el amigo Javier Escribano) con dos cochinos, el tres del Pajarón con tres cochinos y el tres de La Loma (el amigo Pedro Gómez) con dos venados.

Así era, poquito a poquito volvíamos intentando levantar las reses que quedaran o se hubieran remolineado. A lo lejos divisaba el puesto de Joaquín y llegando a él le preguntaba que si era verdad que había fallado un cochino. Me comentaba que no se lo esperaba y que le había disparado un tiro casi sin verlo. Me comentaba que si podía acercarme a ver si le había dado porque no lo había visto salir. Entre que me decía todo esto, los perros daban con el cochino y sin decir una palabra más salí rápidamente al agarre. Al llegar, me encontré con un “cochinaco” partido de atrás y que se encontraba sentado repartiendo toda la leña que podía repartir aunque de momento lo agarraron y lo pinché cuanto antes. La boca era impresionante y por detrás oía decir a Joaquín: Ricardin ¿es cochino o cochina? y le dije que viniera y lo viera con sus ojos. Entre todos estos momentos y al mirar a mi lado vi un perro que por el pecho descargaba mucha sangre. Era mi Manolete, aquel perro que nunca suelta en un agarre, que es de los primeros en llegar a ellos y que siempre ha sido quizás demasiado valiente. Tal había sido la colmillada que estaba asustado y lo veía muy nervioso. Los animales no son tontos y Manolete sabía que algo no iba bien. Intenté taponar aquella hemorragia pero era imposible. Tenía un agujero no más grande que el de un bolígrafo en el pecho a la altura de la ingle. Con todos los nervios salí corriendo hacia la furgoneta y Manolete venía detrás de mí con su rabo asustado entre las patas, pero veía que era mucha la sangre que estaba perdiendo así que decidí cogerlo en brazos haciéndole un torniquete. Cada vez veía la furgoneta más lejos y perdía mucha sangre. Decidía parar un momento y ver en el suelo como seguía. La boca se le empezaba a poner blanca por momentos y una lágrima corría por mi mejilla. No me podía abandonar así. De momento aparecía por detrás de mí el guía “Maderero” que venía por el reguero de sangre que íbamos dejando. Me cogió el zurrón para aliviarme peso y me puse en los brazos otra vez a Manolete. A falta de 10 metros para llegar a la furgoneta pude comprobar que Manolete se estiraba mucho y de golpe se quedaba flojo. Me temía lo peor y efectivamente lo posé sobre el suelo muerto. Por mucho que os explique, ese momento me lo guardo para mí. Una ansiedad, impotencia, malestar y frío recorren el cuerpo en segundos. Ves con tus ojos que un perro al que has visto crecer y te acompaña todos los días de los 365 del año, no lo seguirá haciendo más. Acababa de perder a uno de mis fieles compañeros que por su valentía se había jugado la vida. Guardaba el resto de los perros en la furgoneta y me metí dentro lamentándome lo ocurrido. Sin duda son malos momentos. Faltaba otro perro y no tenía ganas de nada, sólo de irme. Al momento llegaba Joaquín a la furgoneta y podía comprobar lo sucedido. El silencio se hizo entre nosotros. Habíamos perdido a nuestro perro. ¡Nada podía consolarnos! Me decía que intentó buscarlo para rematarlo él antes de yo llegar pero que no había dado con él y que pensaba que no le había dado y mucho menos que era de la magnitud que era.

El lunes después de la montería, su jaula sigue vacía y Cariñoso, que era su compañero peleísta a la hora de comer, mira para adentro buscándolo. Hoy le he dicho: Cariñoso, no busques que a partir de ahora no te pelearás con nadie a la hora de comer. Creo que ellos también echan de menos como nosotros. Tengo un cuadro de Manolete y los colmillos se van a poner a su lado para recordar siempre que murío como un auténtico valiente.

Fuente: Ricardo Barbero.

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