HISTORIAS DE CAZA
A MI ESTIMABLE COMPAÑERA, "BRUJA"


El último lance de Bruja

EL LANCE

A MI ESTIMABLE COMPAÑERA,

La montería iba siendo entretenida, los cochinos llegaban a las posturas, los disparos alegraban la mañana. Habíamos atrapado ya un pequeño jabalí, estábamos llegando al cierre. Os fuisteis a la finca vecina tras otro cochino de considerables dimensiones, quizás el escudero de aquel tremendo jabalí. A la vuelta, de regreso, os cruzasteis con tan mala fortuna, con ese tremendo cochino que no quiso emprender la huida. Se puso a combatir y como no podía ser menos, entre tú y tus compañero no le disteis tregua. No os vi, pero me lo figuro... os conocía bien y aquello para vosotros seria otro lance, más. No os importaba la envergadura, ni el tamaño de sus defensas, os la jugabais todos los días. Además íbais siendo expertos en la materia, la rehala se sentía confiada con vosotros y salía victoriosa de los lances...
De regreso tras acabar con el agarre, cuando te llevaba en mis hombros, pues no podías dar paso alguno, sentía tu sangre correr por mi brazo, bajar por mi axila y llegar a mi torso. Ese recuerdo será inolvidable para mí. No podía hacer mas, llegar cuanto antes al camión, allí había más apaños, pero tu cogida era muy grave. Sentías frío, buscabas el Sol,

mientras nosotros cosimos a tu compañero el Brujo. Tú cuerpo empezaba a destemplarse y buscabas a todas expensas los rayos de sol que te hicieses entrar en calor. La hemorragia se te había cortado, pero tu falta de sangre hizo que al dormir en el viaje no volvieses más a despertar.

LA BRUJA, ESTIMABLE COMPAÑERA

A día de hoy ya no estas entre nosotros, desde lo más alto del cielo nos observarás con locura, deseando de venirte algún día mas de montería, por tu gran pasión el campo, los lances comprometidos y apresar con tus fabulosas fauces algún magnifico macareno, como lo sabías hacer de bien, en compañía de tu hermano y compañero, el Brujo y el Lobo. Ellos hoy al pasar por la perrera, aún convalecientes de los cortes que les propinó aquel macareno, me miraban con cara de tristeza, preguntando dónde te habías ido, pues cuando el sábado te baje del camión, tu ya no lo sentías, tu cuerpo estaba frío, te dormiste y te despediste de ellos que eran los que tenias siempre a tu lado, ese fabuloso equipo que los tres formábais y que no había animal valiente que se resistiese a ser atrapado por vosotros.

La fortuna quiso que te tocase a ti la mala suerte de topar con tu carótida aquellos tremendos colmillos de ese desesperado jabalí que emprendió la lucha con vosotros. Quizás si yo hubiese sido mas rápido te hubiera salvado, pero sabes de mas que el monte era muy tupido, que yo siempre vuelo en vuestra defensa y que jamás os dejaría que os pasase algo parecido. Mala suerte, mala pata, el caso es que te despediste de nosotros. El orgullo de morir en el monte, en la lucha encarnizada con un tremendo jabalí al que aun tú viste como era victima del acero de nuestros cuchillos. Eso es valentía y coraje, eso es ser un perro ejemplar, fiel, leal, valiente. Aun recuerdo con cariño aquellos mordiscos cuando jugábamos aun tú de cachorrilla y más de una vez me hacías daño, pues con tu afición por morder no controlabas tus mandíbulas. Vaya orgullo de perra, de hechuras, todo un embeleso en tu raza. Solo una dedicatoria, despedirte de ti y que nos veamos algún día en lo mas alto, que seguro marchaste porque eras de lo mejor y al cielo siempre van los buenos.

En el recuerdo siempre perdurarás como la más valiente y en breve habrá que reponer tu falta, pues animales como tu son imprescindibles en una rehala.

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